Diagnóstico de oportunidades de IA
Diagnóstico de oportunidades de IA departamento por departamento, con hoja de ruta y prioridades
Vamos a vuestra empresa con un consultor especializado que sabe tanto de inteligencia artificial como de negocio, y esa doble mirada es la que hace que esto funcione. Recorremos los departamentos hablando con los responsables y con la gente que hace el trabajo, y de ahí sacamos cómo se trabaja de verdad, dónde están los cuellos de botella, qué problemas se arrastran y qué oportunidades hay encima de la mesa. No es solo un diagnóstico de inteligencia artificial: es un diagnóstico de vuestra empresa, y por el camino aparecen cosas que desde dentro no se ven y que están afectando a vuestros clientes o a vuestra facturación.
Problema
De nada vale implantar inteligencia artificial en zonas donde no tiene sentido o donde no va a tener impacto, y es justo lo que ocurre cuando se decide desde fuera o desde una idea general de lo que la IA puede hacer. El problema de fondo es que desde dentro cuesta ver el propio proceso: lleváis años haciéndolo así, y lo que para alguien de fuera es un cuello de botella evidente, para vosotros es simplemente cómo se trabaja aquí. Quien sabe dónde duele es el propio cliente, no el proveedor, así que esta parte de consultoría consiste sobre todo en escuchar: son las personas que hacen el trabajo cada día las que nos dan la información con la que después se prioriza. Sin ese recorrido previo, la inversión se reparte por intuición y los proyectos que de verdad hacen falta se quedan siempre para más adelante.
Solución
Antes de optimizar, cuestionamos. De cada proceso preguntamos por qué funciona de esa manera, si aporta valor al cliente y si debería existir, porque muchas veces la mejor decisión no es hacer una tarea más rápido, sino quitarla de en medio. Después puntuamos cada oportunidad sobre 25 en cinco criterios: impacto, frecuencia, calidad de los datos, esfuerzo y riesgo. Con esas notas dibujamos el mapa de impacto y esfuerzo, que deja a la vista qué va primero y qué puede esperar. De ahí salen las hojas de ruta de tres a doce meses, con qué proyecto depende de cuál y qué personas de vuestro equipo hacen falta en cada uno. Y ahí está el valor de verdad de la hoja de ruta: es un plan ejecutable y es vuestro, así que desde ese momento decidís vosotros con quién lo sacáis adelante. Podéis seguir con nosotros, llevarlo a otro proveedor o desarrollar buena parte con vuestro propio equipo interno. Esa capacidad de decidir por vuestra cuenta es la independencia que os queremos dejar.
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